Lo escribe Hermann Tertsch en ABC
AHORA de repente se nos agolpan los sentimientos patrióticos. Cuando llevamos unos años tan intensos y festivos dedicados a dinamitar la cohesión nacional, quebrar la Constitución, desprestigiar nación y mancillar transición y reconciliación. Solo les hace falta ya hablar de honor. Que capaz será alguno, ya verán. Ahora, oyéndoles, parece que solo gracias a la serenidad de nuestros gobernantes hemos evitado declarar la guerra a Alemania. Menos mal que somos generosos y les hemos perdonado la vida. Respirarán tan aliviados los malvados «chucrut» como, por ejemplo, los hoteleros o los tour operadores españoles. Pero donde alcanza su máximo esplendor actual el patriotismo inesperado de nuestros gobernantes es en su preocupación por nuestra imagen exterior. ¡Fíjense, a estas alturas, nuestra imagen en el exterior! Llevan siete años enviando al exterior como representantes nuestros a personajes capaces de despertar vergüenza en una verbena. La tropa indocumentada, iletrada y zafia que ha surcado mares y cielos y cruzado continentes en representación de la nueva España progresista ha arruinado nuestro crédito, hundido nuestro prestigio y abochornado a nuestra ciudadanía por todo el planeta. Nuestro presidente ha hecho el ridículo en todos los foros internacionales con su falta de preparación y consistencia, su inanidad y su izquierdismo adolescente
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