Gracias a Arcadi Espada ayer lo pasamos bien e hicimos el bien mostrando solidaridad con Javier Cercas, el segundo autor de bestsellers de España, detrás de Javier Sierra. Es importante que nos rieramos de Cercas porque para Cercas quienes no rien son agelastes. Hoy no será tan entretenido pero de todo tiene que haber en la vida del blogger vocacional.
No recuerdo cuando fue la última vez que compré El País pero calculo que debió ser a principios de los 90. Quizá regalaban todavía la Enciclopedia del Rock. Pero a quien si leo a diario es a Santiago González y ayer enlazaba un artículo de Javier Cercas. Este: Rico al Paredón
Debo reconocer que una primera lectura superficial me asustó. Mencionar a Carrillo y al paredón en el mismo artículo es arriesgado. Máxime si se hace en un periódico que ha elegido a aquel como referencia ética, etiquísima.
El artículo en si es una apología de la mentira en el periodismo. O del uso alternativo del procesador de textos. Que por otro lado es por lo que dejé yo de leer El País, así que no es que fuera demasiado novedoso, no se crean.
Dice Cercas:
Si aceptamos que la historia es, como dice Raymond Carr, un ensayo de comprensión imaginativa del pasado, quizá debamos aceptar también que el periodismo es un ensayo de comprensión imaginativa del presente. La palabra clave es “imaginativa”. La ciencia no es una mera acumulación de datos, sino una interpretación de los datos; del mismo modo, el periodismo no es una mera acumulación de hechos sino una interpretación de los hechos. Y toda interpretación exige imaginación, aunque la imaginación necesaria para interpretar la actual revuelta árabe sea distinta de la necesaria para escribir una columna de Millás: esta equivale a la capacidad de inventar hechos; aquella, a la de relacionarlos. Flaubert sostenía que hay más verdad en una escena de Shakespeare que en todo Michelet; se refería a la verdad literaria, no a la histórica, a la verdad moral, no a la factual, así que no diré que hay más verdad en una columna de Millás que en todo el periódico: solo diré que un periódico está obligado a contar la verdad factual, pero, a menos que se rinda al chantaje de los agélastes, no debería prescindir de contar también la otra verdad, una verdad irónica y emancipada de la tiranía de lo literal. Por lo demás, tampoco niego que algún lector pueda confundir las cosas y creer que Rico no fuma y que la madre de Millás es una enana borracha y porrera, igual que no puedo negar que ha habido perturbados que, después de ver Superman, se han tirado por la ventana convencidos de que volarían; lo que sostengo es que ese es un riesgo que merece la pena correr, y que escribir para agélastes y perturbados es una falta de respeto al lector. Aunque se haga en nombre de la verdad.
En suma, mentir es aceptable. No sólo eso sino que una insistencia puntillosa en la verdad es detestable. Propia de gentes sin humor. La narración de la realidad requiere una interpretación imaginativa que plumas escogidas como sin duda son las de Rico, Millas o Cercas pueden y deben darle. Por ejemplo… Digamos que se produce un atentado brutal en España. Digamos que unos periodistas intrépidos y de corazón puro ya saben, sea por especial concesión, sea por su infinita superioridad moral quienes son los responsables. ¿Nos sorprendería que estos periodistas se inventaran unos suicidas perfectamente rasurados envueltos en capa tras capa de calzoncillos inmaculados? No. Eso sería propio de gentes sin humor. Agelastes.